El mito de la eficiencia técnica: navegando por Internet con un teclado del siglo XIX

En muchos ámbitos, todavía hoy se acepta sin apenas discusiones que una tecnología “superior” siempre acaba por imponerse en el mercado. Es decir, que quien es capaz de crear una máquina o un sistema más rápido y eficiente no puede encontrar obstáculos insalvables: el mercado acabará adoptando ese sistema simplemente porque es demostradamente “mejor” que las otras alternativas. Sin embargo, los hechos se han encargado, muchas veces, de desmontar esta teoría, heredera quizá de un pensamiento mecanicista.

El caso del teclado QWERTY, el que utilizamos a diario para comunicarnos a través de la Red, es una de los más ilustrativos. Vamos a intentar analizarlo:

Navegando por Internet con un teclado del siglo XIX

Un teclado del siglo XIX. En 1874, las máquinas de escribir Sholes & Gliden introdujeron en el mercado el formato “QWERTY”, denominado así por la primera secuencia de letras que aparece en la parte superior izquierda del teclado.

¿Por qué se optó por esa distribución de caracteres? Todavía no lo sabemos con precisión. Parece ser que Sholes y sus colegas experimentaron con otros formatos antes de tomar la decisión definitiva, pero el momento no está bien documentado.

Inspirado en el orden alfabético.
Sí resulta evidente, en cambio, que el orden alfabético estuvo en el punto de partida del QWERTY, tal y como demuestran algunas secuencias especialmente reconocibles, como la formada por d-f-g-h-j-k-l en la barra central.

Ineficiente.
Lo que sí sabemos con toda seguridad es que esta distribución no es la más eficiente, entre otras cosas porque obliga a desplazar mucho las manos para escribir las palabras más usuales, hasta provocar fatiga en los usuarios intensivos. Hay, desde luego, varias teorías no acreditadas para justificar la elección de Sholes, pero no casan demasiado bien con la búsqueda de la eficiencia técnica:

  • a) Se buscaba una baja velocidad de forma deliberada, para evitar el colapso mecánico de las rudimentarias máquinas de escribir del siglo XIX.
  • b) Esta disposición de los caracteres permitía a los vendedores de máquinas teclear la palabra “typewriter” sin desplazar los dedos de la barra superior.

La pregunta clave es: ¿por qué seguimos utilizando una distribución de caracteres ineficiente en el siglo XXI? Al fin y al cabo, lo realmente sorprendente no es que, en el siglo XIX, Sholes adoptase un determinado modelo de forma más o menos arbitraria. Sin duda, él hizo lo que pudo…

Lo realmente sorprendente es que, con ligeras variaciones, ese modelo haya llegado hasta nuestros días; que sea la misma distribución de letras que seguimos utilizando en la actualidad en nuestros potentes equipos informáticos.

No en vano, QWERTY se ha convertido en el estándar para los teclados de los ordenadores ingleses y españoles, y tampoco los usuarios de otros alfabetos latinos escapan a este influjo, ya que emplean opciones muy similares: AZERTY los franceses, QZERTY los italianos y QWERTZ los alemanes.


¿Es que no hay una alternativa mejor?
Cabría pensar que si la distribución QWERTY ha llegado hasta nuestros días es porque nadie ha sido capaz de crear una opción mejor. Es decir, que era un sistema ineficiente, pero el mejor de los disponibles. Esto aliviaría, al menos en parte, nuestra, extrañeza. Sin embargo, hace décadas que existen varias alternativas en el mercado.
Teclado Dvorak

Ya en los años 30 se ideó una nueva disposición de las letras llamada Dvorak (ver teclado de la imagen) que, en teoría, permitía aumentar la velocidad de tecleo del usuario, y reducía su fatiga. De hecho, una mecanógrafa llamada Barbara Blackburn batió el record de velocidad en lengua inglesa usando un teclado Dvorak. Logró escribir 150 palabras por minuto durante 50 minutos, y 170 palabras por minuto en períodos más cortos, alcanzando una velocidad punta de 212 palabras/minuto.

El Dvorak era, quizá, una alternativa mucho más eficiente. Pero, ¿qué teclado usamos hoy, en el siglo XXI, para comunicarnos a toda velocidad en la sociedad de la información? El mismo que triunfó comercialmente en 1874. No deja de ser curioso. Más ancho de banda, unas aplicaciones mejoradas continuamente y un teclado del siglo XIX.

¿Alguna explicación? Vamos a intentarlo: aparte de la técnica pura hay otras variables muy poderosas que influyen en la consolidación de una tecnología. Factores sociales, culturales, económicos y de todo tipo que pueden ser decisivos. En el caso del teclado tradicional seguramente fue su amplísima implantación y aceptación social. Cambiar hubiese supuesto, quizá, un trauma que la industria no estuvo dispuesta a asumir, y eso que tuvo -tuvimos- una oportunidad extraordinaria en el salto de la máquina de escribir al ordenador.

4 comentarios sobre “El mito de la eficiencia técnica: navegando por Internet con un teclado del siglo XIX”

  1. Loogic Links 124 Loogic.com Blog Archive dijo:

    [...] El mito de la eficiencia técnica. Por Daniel Andueza. [...]

  2. daniel dijo:

    Me parece impresionante que saliera mejores alternativas en los años 30 y no se llegara a cambiar!! Si veo imposible cambiarlo ahora por la enorme presencia de los ordenadores en el mundo, pero en aquella época…

  3. javier ramirez dijo:

    A los que escribimos con 2+2+1 dedos (índices para caracteres, pulgares para espacio, meñique izquierdo para las mayúsculas) nos da un poco lo mismo la distribución.

    Personalmente votaría por una distribución menos aséptica en forma de sopa de letras donde se pudieran formar palabras en horizontal, vertical y diagonal. Está permitido hacer wrapping de palabras (continuar por la derecha una palabra que venga por la izquierda). Así mismo, cuando hiciera falta crear una nueva palabra para un invento novedoso, usaría una de las palabras no existentes que se pudiesen formar con el teclado.

  4. maría dijo:

    ¡cuantas otras cosas habrá absolutamente ineficientes y no tenemos ni idea! Interesante. Gracias.

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