No
Saber decir que no, en ocasiones a ti mismo, es clave para dar con aplicaciones menos es más.
Yo no sé muy bien por qué es, pero en mi experiencia es común que tendamos a generalizar, a añadir, a y además hace esto, a ortogonalizar. Pensar un funcional o una interfaz es todo un ejercicio de contención de esos impulsos.
Una vez asimilas el no como algo legítimo a la hora de diseñar, el siguiente paso, más difícil si cabe, consiste en decir que no a lo adecuado, equilibradamente, de forma que el resultado sea limitado por elección, pero armónico.
Me pregunto cuantos nos rodearon a la concepción del iPod.
Deje un comentario